viernes, noviembre 14

La suerte esta echada

Una historia real que transcurre en Vicente Lopez


Era octubre. Un fin de semana antes de que se celebrara la Noche de Brujas, una amiga mía de la infancia cumplía años. Dieciocho, los esperados Dieciocho.
Su padre era dueño de un café en Vicente López, y ella iba a realizar su cumpleaños ahí.
Cuando llegamos Mariana y yo, él ya había ingresado.
Al acercarnos a la puerta visualizamos a Lucia, la cumpleañera, fumando en la puerta del café.
Café de Paris se había llamado por mucho tiempo esta confitería, y seguía conservando su estilo francés y su nombre tan conocido en el barrio. Está ubicado en una intersección de varias calles, en una de las tres esquinas, entre Azcuénaga y Melgar(calle que solo se extiende por cuatro cuadras)
Volviendo a lo que nos concierne, saludamos a Lucía y entramos.
Antes de que nosotras llegáramos, se paseaba por las calles adoquinadas de Azcuénaga José Luis, un viajero, un madrileño que había venido solo por una semana a conocer el sur pero pasaba por Buenos Aires. Pasó por la puerta de café de Paris y le preguntó a Lucia si podía pasar al café a escribir unas postales.
Lucia le dijo que era una fiesta privada, pero que lo invitaban, así que podía pasar tranquilamente.
Retomando nuestra entrada, Lucia nos aviso de José Luis, y como sabia que yo había estado en España hacía poco, me encomendó su entretenimiento. Nos introducimos y comenzamos a hablar, nos contó a Mariana y a mí el fin de su viaje: conocer el sur Argentino.
Nos quedamos charlando hasta las 3 a.m. y quedamos en reunirnos a cenar el jueves, luego de que el regresara del Sur.
Ese jueves fuimos a tomar algo a Puerto Madero, Mariana, él y yo. Él nos invitó los tragos, e insistió en ir a comer a otro lugar. Nos dirigimos a un restaurante de Palermo Soho. Él ordenó una ensalada de campo; yo, un pollo al champignon; y Mariana, un lomo a la pimienta.
Yo ofrecí encargarme de la cuenta, esperando que él dijera que no, pero con sorpresa no se opuso y me respondió que ya había pensado que fuera yo la que pagara, por eso se había pedido algo económico. Nos reímos.
El viernes siguiente, él se volvía para Madrid, pero yo le quería llevar un regalo ya que él nos había traído del sur unas piedras preciosas. Así que me acerqué al Hotel Vicente López, ubicado en Melo y Libertador, donde se estaba alojando, y luego de intercambiar regalos, me regalo un billete de la Lotería Nacional.
Comentó que en Madrid se acostumbra a regalar billetes de la lotería cuando se conoce a una persona por casualidad, ya que si el azar une a estas personas, el azar también puede darles suerte.
El billete se sortea en Navidad. Eligió el billete 10077. Setenta y siete significa las piernas de mujer, y 7+7+1=15, la niña bonita.
Me parece que se tomó lo del azar muy en serio.


Luciana Faustini

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